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Destapando tópicos regionales
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Ocho apellidos vascos

Ocho apellidos vascos

Los tópicos regionales están a la orden del día desde que el mundo es mundo, y es que si hay algo fácil en la vida es generalizar. Menos mal que Coca-Cola ya se preocupó en su campaña de recordarnos que no somos todos iguales, que los hay altos y bajos, gordos y flacos, optimistas y pesimistas y un largo etcétera. Pues bien, parece que no terminamos de entender el concepto y seguimos generalizando, haciendo eso de meter a todos en el mismo saco por el mero hecho de la región de España en la que hayas nacido. Aunque hay que reconocer que algunos tópicos son de lo más divertido, así que lo mejor que puedes hacer es tomarse el tema con humor, y ser el primero en reírse del tópico con el que le haya tocado convivir.

No todos los madrileños son iguales, igual que no lo son los catalanes, los vascos, los murcianos, los extremeños… Si a veces es difícil parecerte a tu padre o a tu madre, ¡no te quiero contar si te tienes que parecer a los 3 millones de madrileños con los que compartes ciudad!

Un buen ejemplo de topicazo son las películas Ocho apellidos vascos y su melliza, Ocho apellidos catalanes, o ahora la serie Allí abajo, donde los tópicos de vascos y sevillanos se elevan a la máxima potencia.

Y, si nosotros pensamos esto de nosotros mismo, ¿cómo nos verá un “guiri”? Aquí tienes más tópicos españoles vistos desde los ojos de un extranjero.

Destapando tópicos regionales

Los catalanes son agarrados

Agarrados, tacaños, rácanos y todos los sinónimos posibles, ha sido una “cualidad” que los catalanes se han tenido que comer con patatas. Haciendo honor a la verdad diré que de la Hermandad del Puño Cerrado hay fieles seguidores en Cataluña y en Pekín, y que más que agarrados son, en todo caso, ahorrativos. Si nos trasladamos a la Fábula de la Cigarra y la Hormiga, los catalanes serían la hormiga que guarda y guarda porque se está preparando para un disfrute posterior.

Si tú presumes de ser el más dadivoso de España, te animo a que vayas al primer bar que te encuentres y te invites a una ronda, eso sí, no sin antes avisarnos para que vayamos, a ver luego quién es el agarrado.

Los asturianos beben mucho

Perdona pero, ¿has probado su sidra? Es que ya sólo por cómo entra de bien esta delicia están perdonados y justificados. A ver quién es el guapo que sale un domingo a tomar el vermut y es capaz de beber sólo un vaso de sidra. Una bebida que entra sola y parece que no hace nada, pero te da una alegría de vivir que no te la quiero contar…

En cualquier caso me resulta curioso que los madrileños sean los más experimentados en la costumbre de empinar el codo con las cañas de media mañana, las de after-work, las de pre cena y, por supuesto, las del fin de semana y que sean los asturianos los que se han llevado en Sambenito de borrachetes.

Juego de Tronos

Los madrileños son unos chulos

En Madrid, aunque cueste creerlo, hay personas introvertidas, retraídas y tímidas que no van de subiditos por la vida. Bueno y madrileños que sin ser tímidos tampoco son chulos. Sí puedes ser que la forma de expresarse y la manera de hablar lleve a equívocos en muchos casos, pero no quiere decir que por cambiar el “es que” por el “ej que”, te estén perdonando la vida. Los madrileños suelen ser muy de Madrid, vaya hasta la médula, pero igual que el resto de regiones tienen grandes devotos de su lugar de origen, sino pregúntale a un extremeño ¿qué hay mejor que la plaza de Trujillo? Nada en la vida, ni en la humanidad.

El otro gran tópico es que viven estresados, pero a ver qué harías tú en una ciudad con un ritmo tan frenético como el de Madrid, con su metro y sus carreteras. Llega un momento en el que o huyes del enemigo o te unes a él. Lo gracioso del asunto es que si hablas con un madrileño te dirá que él no estará estresado, este ritmo de vida está dentro de sus cánones de conducta.

Los extremeños son muy rústicos

En el caso de los extremeños he llegado a oír expresiones tan grotescas sobre ellos como: “se les caen las bellotas de detrás de las orejas”. Los extremeños tienen grandes productos que envidiamos el resto de la península, pero por algún motivo les seguimos considerando unos atrasados en el progreso. Es verdad que una gran parte de la población de Extremadura se sigue dedicando al campo y a la ganadería y, por el bien del resto, espero que esto siga siendo así porque ole, ole y ole los jamones y los quesos con los que sacian nuestros paladares.

Muy típico es también catalogar a los extremeños según el patrón del señorito de bien, que en ocasiones se parece mucho al prototipo del andaluz y más en concreto al del sevillano. Pantalones de pinza y bien subiditos, al estilo Julian Muñoz sobaquero, un pelo impecable repeinado con la mejor gomina del mercado y algún caracolillo rebelde y los castellanos, hay algunos que rizan el rizo añadiendo el cinturón patriótico. Pero vete a ciertas zonas de Madrid o de Cantabria y dime a cuántos hombres, y jóvenes, te encuentras de este corte.

Juan Muñoz

Los andaluces son unos exagerados

Estos pobres se llevan la palma. De los andaluces se dicen muchas cosas, pero vamos a rescatar dos, son unos vagos y unos exagerados. ¡Ea!, ya está. En Andalucía no hay ni un solo trabajador que no se eche la siesta y que no haga una jornada de ocho horas como todo hijo de vecino. Ahora bien, hay que tener en cuenta el calorcito bueno que hace de Despeñaperros para abajo a partir del mes de mayo o junio, a ver quién es el guapo que a 3 de agosto se levanta con cuerpo de ir a currar, está claro que el escaqueo está servido, pero como está servido en todas las Comunidades Autónomas.

Lo de que son exagerados no lo vamos a negar, pero no solo los andaluces. ¡Pues no conoceré exagerados yo en Madrid, Extremadura o Aragón!, por poner los primeros ejemplos que se me pasan por la cabeza. Lo que pasa que a mí este tema me causa más gracia que rechazo, ya que cualquier circunstancia anodina en la boca de un exagerado es un hecho épico, una lluvia ligera es el diluvio universal, una fiestecilla mediocre es un fiestón que ríete tú del de Amancio Ortega por sus 80 años, y así con todo.

Los murcianos son más de pueblo que las amapolas

Desde mi punto de vista no son de pueblo, sí algo macarrillas. Ellos visten a su flow y hablan como les parece oportuno, qué sería de nosotros sin haber incluido a nuestro vocabulario ‘acho’ y ‘pijo’. Pero es que, efectivamente, ellos tienen su ‘murcianico style’ y están encantados de tenerlo.

Bien es verdad que no salieron muy bien parados en el Código Militar que circulaba por nuestra Madre Patria, hasta la Transición, y que decía “No se deben relacionar con murcianos, gitanos y gente de mal vivir”. Lo que no sabremos nunca es la necesidad de meter a los gitanos y a los murcianos en este embolado, pero esa es otra cuestión.

Los valencianos son unos fiesteros

Hombre, lo normal, ¿no? Fiesteros hay en todos los lados y no solo en la Comunidad Valenciana, lo que pasa es que se les juntan las Fallas, que las viven como si no hubiese un mañana, con el buen clima que suelen tener todo el año, la playa y la obligación de tomar la paella con sangría bien fresquita, y se les lía la Marimorena.

Pero si queréis nos ponemos a contar cuántos somos los que en verano nos trasladamos a esta zona de la Península y entonces empezamos a ver si los fiesteros son los valencianos o los que vamos a Valencia a buscar fiesta.

Los vascos son muy brutos

Si tienes un compañero vasco ha tenido que aguantar las típicas bromas sobre su carácter frío, desconfiado y brutote. Y es que si es el cumpleaños de un vasco no hace falta que le estés esperando para recibirle con un cálido abrazo, será suficiente con una subida de mano y un “iep”. Pues no amigos, no, un vasco necesita cariñete como todo hijo de vecino, lo que pasa es que ni lo mendiga ni le vale de cualquiera, primero tendrás que superar la barrera de la confianza.

Unido a esta idea errónea suele ir también la de su fuerza bruta, así que quiero tranquilizar al mundo, si hay alguien que está pensando en viajar al País Vasco porque no hay piedras volando, no rompen rocas con la cabeza y no todos abren los botellines con la boca. Vale que jueguen a los bolos de una manera peculiar y con materiales poco comunes y que su frontón sea con la mano, pero de ahí a ser Hulk hay un paso.

vascos

Los gallegos son unos indecisos

Si tú lo tienes todo claro en la vida, por favor te pido que me eches una mano, como diría Niña Pastori. No sé si serán indecisos o no, ni si lo serán todos los gallegos, lo que sí son es expertos en evadir preguntas incómodas y eso, en mi pueblo, no es indecisión es destreza.

Vamos a poner un ejemplo:

– ¿Cuándo te casas?

– ¿Pero todavía se casa la gente?

– Hombre claro, entonces ¿cuándo te casas?

– ¿Tú estás casado?

Y así hasta que el contertulio se da por vencido. Lo dicho, de indecisos nada, más listos que el hambre.

Los cántabros son unos señoritos

Es cierto que hay gente de parné, o con ganas de aparentar que lo tienen, en Cantabria, pero todavía no he visto a los cántabros salir a la calle con los lacayos y el coche de caballos. Algunas zonas tienen un estilo señorial, grandes casas, palacetes memorables y un buen ritmo de vida, pero serán los afortunados que hayan dado el pelotazo y se mantengan en la cresta de la ola, y de esos afortunados hay más de los que nos creemos y en cualquier región de España.

 

Patricia Galán

Marketing Online at ticketea.com
Periodista de Madrid, ecléctica e intuitiva. Seguidora de la Cultura y amante de las personas.
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