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Sound Isidro: sobrevive o revienta

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Vale, lo admito, el primer día del Sound Isidro me lo pillé libre en el curro pero es que tenía planeado pasarme por el Madrid Music Days que se estaba celebrando en el COAM de Hortaleza. Así que la cosa no podía pintar mejor: por la mañana, charlas educativas sobre música electrónica, tapeo variado a modo de comida a las 16h de la tarde, más charlas educativas de sobre mesa tardía, y al ponerse el sol al Siroco a hacer valer mi título oficial de ganadora.

Una chica súper maja nos recibe en la puerta, me identifica, me localiza en la lista, me tacha y me ofrece mis dos consumiciones. “Esto es bien, gracias”.

En la sala hay dos conciertos, en la parte de arriba el Folk lo peta, nosotros vamos a la parte de abajo. Se está fresco, a gusto, dos o tres personas sentadas en los escalones y un sonido potente y guitarrero azota las paredes. “Vaya tema con los dos de Radar Men“, pienso durante dos décimas de segundo porque a la tercera me doy cuenta de que en el escenario, de duo nada, hay cuatro jamelgazos guitarreando a base de bien.  Las invitaciones me queman en las manos, unas birras y estoy dentro del concierto. Calculo que en la sala hay unas 50 personas, soy malísima para estas cosas pero mientras mi colega se ha ido al baño me he entretenido en contarlas una a una. He acertado, de coña.

Los jamelgazos que no eran Radar Men se llaman DOMO y a mis oídos sus temas están más cerca del heavy  metal que de la psicodelia, las caras de esfuerzo del guitarra, las muñequeras, el mítico primo hermano del Yosi el de Los Suaves en primera fila cabeceando a mil revoluciones por minuto. Reconozco lo que veo, rifs curradísimos y melodias que se prolongan hasta la extenuación.

– “Lo mejor de este grupo, sus letras”. Le gasto esta broma a mi compae.

Entre unas cosas y otras cuatro guirazos guiris han aparecido por los alrededores, no hay duda, son RADAR MEN FROM THE MOON y lo sé y lo tengo claro porque además, he reconocido su acento holandés. Son cuatro chavales y sólo me he percatado yo, los otros 50 están absorbidos por DOMO.

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Haciendo como que apunto ideas cachondas.

Parón para echar un poco de humo en la calle, el justo y necesario para volver a la sala y encontrarte con que los Radar Men ya han hecho el despliegue de sus medios en el escenario. Cogemos sitio en primera fila, si quiero toco con mi mano al que hace los soniditos guays, pero el musicón que hace esta gente no me da ni un minuto de tregua y me atrapa con nocturnidad y alevosía. Están todos en trance, antes de empezar a tocar se han soltado las melenas, prefieren ocultar sus caras o escrudiñar a la banda tras unas cortinas de pelo. Temas largos, hipnóticos, esto es fuerza y lo demás tontería pero aquí sí hay psicodelia, el bajo manda, el bajo parte la pana. Cuando me quiero dar cuenta ha pasado más de medio concierto, ya no somos 51, la sala se ha petado de cuerpos que se mecen, o de cuerpos que mecen su brazos, o de algo así…

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Todo ha sido producto de su imaginación.

El segundo día anuncia SOLD OUT, sí, sí señores, SLEAFORD MODS lo ha petado y en El Sol no cabe ni un alma más. En esta ocasión me conformo con estar al fondo del garito, encaramada en el bordillo de la barra, por lo menos tengo perspectiva del escenario y de lo que se cuece en pista.

La gente está nerviosa y con ganas, aquí hay sed de pogo. Las luces se apagan y ahí están ellos. Ovación y aluvión de móviles en busca y captura de la primera foto.

Reconozco que venía con muchas ganas a este concierto ¿llenarán el escenario? Dudas resueltas a las primeras de cambio, la voz de Jason Williamson y la rabia que escupe y vomita en cada tema lo llenan todo. Hacen buena pareja, Andrew Robert Lindsay Fearn me recuerda al tío que salía bailando con los Happy Mondays.

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Sleaford Mods, Madrid 2015. Sí, yo también estuve allí y saqué esta “bonita” foto.

El público es de su padre y de su madre. Delante de mi un tío con una camisa azul de nubecitas blancas me recuerda a Robin Williams pero con cara de malo. Jason ha sacado la metralleta de los fuck of, fuck you, fuck, fuck the people y tal. El tío de la camisa azul de nubecitas blancas es Jesús Mariñas.

Hay un tío en el escenario, ahora hay otro, ahora suben y bajan varios y Andrew Robert sigue bailando con el buenrro que le caracteriza, yo salgo de vinos con él, se de lo que hablo.

Sábado, tercer concierto de la lista Julio de la Rosa, o como a mi colega le ha dado por llamarle, Julian Casablancas y ahora cada vez que pienso en Julio de la Rosa se me viene a la cabeza Julian Casablancas y así todo el rato. Creo que conozco dos o tres temas de Julio de la Rosa y el concierto me apetecía por el factor sorpresa, además tampoco conocía la sala SHOKO.  Sin lugar a dudas y con diferencia, la mejor hasta ese momento para conciertos. Amplia, con el escenario bien alto para que se luzca bien la banda y una acústica muy fina. Me sentí como en casa, me confié, pidé un copazo en la barra y me pegaron un palazo en las costillas que se llamaba diez euros.

El público indie es el mejor, eso no puede discutirlo nadie. Educados, entregados, bailan mal pero parece bien y aplauden y guardan silencio o piden al resto que lo hagan. Al público indie le estaba gustando mucho Julio de la Rosa, Julian Casablancas. A mi me me estaba gustando la banda por la que se hacía acompañar, dos bateras, un bajo, un guitarra, teclados, instrumentos varios y coros con un sonido muy empastado y de calidad, músicazos. Cada vez que Julio de la Rosa, Julian Casablancas se acercaba al micro el sonido se acoplaba o algo así, una pena.

Y así como el que no quiere la cosa, llegó el domingo y por todos es sabido que los Domingos son pollo de Casa Adela, el reposo del guerrero y guardar energías para darlo todo con LAYABOUTS homenajeando a LOS RAMONES, replicando palmo a palmo el It’s alive. En la Boite, planazo.

Llegamos pronto y para nuestra sorpresa en la puerta estaba la muchacha maja, maja del primer día en Siroco. Nos sentamos en los sofales rojos a tomar los correspondientes refrigerios. Mucha gente de radio Marca entre los fans de Layabouts.

Subidón de adrenalina así, nada más arrancar. Hay dos otros tíos en las primeras filas grabando todo el rato el concierto, el cantante mantiene la tensión del público y el resto de la banda acompaña a la perfección. A la gente le da corte tanta cámara, los pogos se hacen de medio lao ¡que viene la cámara, cortedaz! Pero el cantante vuela desde un altavoz, suda para todos y sigue cantando, no hay tregua, todos voceamos EEEHHH, OOOOH y levantamos los brazos. Un poco más de pogo en el centro, esta vez en condiciones. Que nos vamos, que nos quedamos, que son los bises ¿en serio? Es que el “It´s alive” duraba 52 minutos y chim-pún. Eso sí, menudos 52 minutos amigos, impecables y certeros como un chute de wasabi.

Con orden y concierto me retiro hasta la siguiente, colegas.

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